La Casa lugubre
La Casa lugubre Como la urgencia del asunto es incontestable, el señor Jarndyce le pide que permanezca donde está mientras él habla con la señorita Summerson. El señor Bucket le dice que sí, pero, de acuerdo con sus principios habituales, no lo hace, sino que sigue al señor Jarndyce por las escaleras, sin perder de vista a su hombre. De manera que se queda en la sombra de la escalera mientras hablan. Transcurridos algunos momentos, vuelve al lado de el señor Bucket y le dice que la señorita Summerson bajará cuanto antes, dispuesta a acompañarlo adonde crea conveniente.
El señor Bucket expresa la satisfacción que esto le causa, y la espera cerca de la puerta.
Entonces levanta una alta torre en su mente y otea en todas direcciones. Ve muchas figuras solitarias que se arrastran por las calles, muchas figuras solitarias en los eriales y en los caminos y bajo montones de paja. Pero entre ellas no se encuentra la figura que busca. Ve a otros solitarios en los recovecos de los puentes y en lugares sombríos por debajo del nivel de los ríos, y un objeto oscuro, oscuro e informe arrastrado por la corriente, más solitario que todos los demás, que atrapa su atención.