La Casa lugubre
La Casa lugubre ¿Dónde está? Viva o muerta, ¿dónde está? ¿Por qué, desplegando el pañuelo y metiéndolo, otra vez, en su bolsillo, no le es posible verse transportado, de repente, al punto en que encontró lady Dedlock tan precioso tesoro? ¿A aquellos sitios donde la llama azulada de los hornos de ladrillos lanza sus lívidos reflejos sobre un terreno desolado, donde el viento se lleva la paja que sirve de techumbre a las cabañas, donde la tierra y el agua de los charcos están fuertemente congeladas, donde podría tomarse por un instrumento de tortura la máquina a la que da movimiento todo el día un viejo caballo escuálido? Una mujer atraviesa por entre las tinieblas aquel lugar desolado. Avanza sola, y azotada por el viento y la nieve, huye del mundo que la rechaza sin tener una mano que la sostenga. Sí, parece efectivamente una mujer, cubierta con sórdidos vestidos que a buen seguro jamás han traspasado los umbrales de la noble casa de sir Leicester Dedlock.