La Casa lugubre
La Casa lugubre Se lo agradecà y le dije que asà lo esperaba.
—Ha tenido motivos para pasar un mal rato —añadió—, pero por ahora todo va bien. Milady sigue este mismo camino.
Iba a salir de mi pecho un grito de alegrÃa, pero el inspector se llevó el dedo a los labios y me contuve.
—Ha pasado por aquà entre ocho y las nueve, iba a pie. Ya me lo habÃan dicho en el peaje del arco de Highgate, pero me quedaba todavÃa alguna duda de si, efectivamente, se trataba de ella. En este momento, estoy seguro de que vamos tras ella y que está a salvo. Coja la taza, mozo, y vea si con la otra mano puede usted recibir esta media corona. Eso es. Y ahora, conductor, al galope.
No tardamos en llegar a Saint Albans, y allà paramos un rato antes del amanecer. Justo cuando empezaba a comprender lo que habÃa ocurrido aquella noche, y a ser consciente de que no era un sueño, después de dejar el coche en la posta y ordenar caballos de refresco, mi compañero me ofreció el brazo y nos dirigimos hacia la casa.