La Casa lugubre
La Casa lugubre Se ha dado permiso a todos los criados para que vayan a acostarse (no se van a disgusto, porque han estado levantados toda la noche de ayer), y la señora Rouncewell y George son los únicos que se quedan en el cuarto del barón. La noche transcurre lentamente. Hasta parece que se detiene a ratos. Alrededor de las dos de la madrugada, sir Leicester se obstina en saber qué tiempo hace, y George, que cada media hora no se olvida de ir a inspeccionar la chimenea del cuarto de milady, prolonga su paseo hasta la puerta de la calle, y vuelve con las noticias más satisfactorias que pueden imaginarse acerca de la más horrible entre las malas noches: continúa lloviendo, y en la acera hay todavía un palmo de barro entre nieve, agua y hielo.