La Casa lugubre
La Casa lugubre Volumnia se ha retirado a su habitación, un cuartito al fondo del pasillo, al final de la escalera, girando a la izquierda, cuando se acaban los dorados y las esculturas. Es un auténtico cuarto de pariente pobre, adornado con un intento de retrato de sir Leicester, relegado allí por sus malos trazos. Dicha habitación da a un patio en el que hay plantados algunos arbustos secos, semejantes a antediluvianos ejemplares de té negro. Mil temores agitan a Volumnia, y medita con espanto en lo que sería de su corta pensión si se diese la desgracia de que le sucediera algo a sir Leicester, designando con esa palabra la única cosa que le preocupa y la última que le puede suceder a un barón en cualquier lugar del mundo.
Tales temores le han impedido a Volumnia acostarse y también quedarse sentada junto a su chimenea, y la impulsan, envuelta en su manto y cubierta la cabeza con su chal, a recorrer la casa como un fantasma, y en especial a visitar el elegante y caldeado salón de milady. Como la soledad es poco agradable en semejantes circunstancias, a Volumnia la sigue su doncella, a quien su señora ha despertado expresamente para ese paseo nocturno a pesar de sus pocos atractivos, por lo que la sirvienta muestra un rostro sin mucha dulzura, tiritando y bostezando a cada momento, muy apesadumbrada de servir a una prima sin fortuna, ella que había decidido no servir a quien tuviera menos de diez mil libras.