La Casa lugubre
La Casa lugubre Volumnia contesta que no puede ser, que es posible que la llamen y la necesiten de un momento a otro, y que nunca podría perdonarse no estar presente en caso de suceder algo. Se niega a explicarle a la doncella que hace un comentario sobre ello, por qué persiste en permanecer en la estancia de milady en vez de volver a su cuarto, que está más cercano al de sir Leicester, y declara que no abandonará su puesto. Volumnia dice como mérito que no ha «cerrado un ojo» (como si tuviera veinte o treinta), aunque es difícil conciliar esa afirmación con el que acabe de abrir los dos hace cinco minutos.
Pero poco después de las cuatro, la constancia de Volumnia se quebranta, o quizá la señorita Dedlock enfoca la cuestión desde otro punto de vista. Su deber exige que reponga sus fuerzas para el día siguiente, en que sin duda se tendrá necesidad de ella, y, para estar en su puesto cuando llegue al caso, es preciso que se resigne a abandonarlo por algunos momentos. Así pues, cuando vuelve George y le repite: «¿No estaría usted mejor en la cama?», y cuando la doncella protesta con mayor firmeza que antes: «¡Sería mejor que se fuera a la cama, señorita Dedlock!», se levanta y les dice: «¡Pues bien, lléveme y hagan de mí lo que quieran!».