La Casa lugubre
La Casa lugubre —SÃ, varias veces.
—¿Y continúa con el mismo propósito?
—No lo creo.
—¿Tal vez tenga otra perspectiva? —pregunté.
—Puede ser —respondió mi tutor al principio muy despacio—. Dentro de medio año más o menos parece que va a crearse en Yorkshire una plaza de médico para pobres, y como el lugar está bien situado y tiene todas las ventajas de la ciudad y del campo, quizá le convenga. Un hombre de sus méritos tiene ciertamente derecho a ser más ambicioso (aunque me atreverÃa a asegurar que le ocurre lo mismo a la mayorÃa de los hombres), pero Woodcourt es de aquellos a quienes todos los puestos le agradan con tal de ser útiles a los demás, aunque no lleve a otra cosa. Supongo que generosos y ambiciosos son los mismos, pero yo confÃo en los espÃritus cuya la ambición les lleva a recorrer su camino, en lugar de tratar espasmódicamente de encontrar un atajo. Y ese es el tipo de ambición de Woodcourt.
—¿Y cree usted que podrá obtener esa plaza? —pregunté.