La Casa lugubre

La Casa lugubre

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—¡Tienes razón! —dijo el señor Jarndyce, radiante—. Tu agudeza femenina ha dado en el clavo: es un niño y absolutamente un niño. Ya os dije antes que era un niño cuando os hablé de él por primera vez.

—Por supuesto, por supuesto —dijimos.

—Y es que es un niño. ¿No es cierto? —preguntó el señor Jarndyce cada vez más radiante.

—Es cierto que lo es —dijimos.

—Cuando uno piensa en ello, ha sido una verdadera niñería, por parte de uno, quiero decir por la mía —dijo el señor Jarndyce—, el haberle considerado un solo momento como a un hombre responsable de sus actos. Harold Skimpole vive y procede sin objeto, sin plan, y sin conocer las consecuencias de ninguno de sus actos. ¡Ja, ja, ja!

¡Era tan agradable ver desvanecerse las nubes que habían cubierto su rostro para dar lugar a una alegría sincera! Tanto más al considerar que aquella alegría nacía en la bondad, puesto que censurar, desconfiar o acusar a espaldas de alguien constituían para él un verdadero tormento. Vi que acudían las lágrimas a los ojos de Ada, mientras compartía su risa, como las sentí acudir a los míos.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker