La Casa lugubre

La Casa lugubre

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Mi buena señora, advierta usted que me manda salir de mi casa —observó mi tutor.

—¿Y a mí qué me importa? —dijo la señora Guppy—. Vamos, largo. Si le parece que somos poco para usted, vaya en busca de otro que valga más. ¡Vaya, vaya usted a buscarlo!

La rapidez con que la señora Guppy había pasado de la alegría más expansiva al enojo más terrible no dejó de sorprenderme. Lo que al parecer le indignaba más era ver que no nos movíamos de nuestro sitio.

—Pero ¿por qué no va usted a buscarlo? —insistió la señora Guppy—. Vaya a buscar a quien sea bastante para satisfacer su vanidad. ¿Qué es lo que le detiene?

—Madre —le dijo su hijo, procurando colocarse entre ella y nosotros y haciéndola retroceder con un hombro, mientras perseguía a mi tutor—, madre, ¡cállese de una vez!

—No, William, no. No me callaré hasta que lo vea fuera de aquí.

Pese a la ridícula terquedad de la anciana, William y su amigo Jobling cercaron a la señora Guppy y pudieron llevarse a la que por momentos se iba insolentando, y cuya voz subía de tono a cada escalón que le obligaban a bajar, repitiendo que fuéramos a buscar a alguien que nos pareciera suficiente y sobre todo que nos fuéramos de allí.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker