La Casa lugubre
La Casa lugubre Desde el fondo del barranco sube, a veces, hasta aquel sitio solitario, a través de los helechos, el sonido de cascos de caballos, que van siguiendo la tortuosa vereda. Se ve, entonces, a sir Leicester con el cuerpo encorvado, sin fuerzas y casi ciego, pero conservando su aire de nobleza, montado en un viejo caballo cuya brida vigila solícito un hombre robusto que cabalga a su lado. Cuando llegan al mausoleo, el caballo de sir Leicester se detiene por sí mismo, y el barón descubre su cabeza cana y permanece inmóvil durante algunos minutos, antes de proseguir su camino.