La Casa lugubre
La Casa lugubre Las habitaciones de la quinta están casi todas cerradas, y ya no se las enseñan a nadie. Sir Leicester permanece la mayor parte del día en el salón, y ocupa en él su lugar acostumbrado delante del retrato de milady. El salón queda cerrado por la noche con amplias pantallas y solo se ilumina el espacio que él ocupa entre biombos, y en el resto de la vastísima sala va disminuyendo la luz, gradualmente, hasta la más completa oscuridad. Dentro de poco toda la luz se extinguirá para sir Leicester; dentro de poco, la mohosa puerta del mausoleo que se cierra de forma tan hermética y que parece tan inaccesible, se abrirá, de nuevo, para recibirlo.
Volumnia, a quien se le va poniendo cada día más rosado el colorete de la cara, y más amarillo el blanco, a medida que el tiempo pasa, lee para sir Leicester en las largas veladas de invierno. Entre cuantos recursos emplea para disimular sus bostezos, la introducción del collar de perlas entre sus labios sonrosados es aún el más eficaz y el empleado con más frecuencia. Sus habituales lecturas son pesadas homilías sobre la cuestión de Boodle y Buffy, en las que se demuestra que Buffy es inmaculado y Boodle un malvado, que la nación corre al precipicio, según declara Boodle y no Buffy, y que el Estado se salvaría dando la preferencia a Buffy en lugar de a Boodle (es absolutamente necesario que sea uno de los dos, pues fuera de ellos nadie puede hacer nada para la nación).