La Casa lugubre
La Casa lugubre —Es un juramento que me hice entonces a mà misma —respondió sonriendo—. Quise grabar aquel dÃa en mi memoria para guardarlo fielmente, y cumpliré lo prometido. Adieu, señorita.
Asà terminó aquella conversación, que no era ciertamente de mi gusto. Supongo que Hortense se marcharÃa enseguida, porque no volvà a verla, y ningún otro incidente interrumpió nuestra grata estancia hasta el dÃa en que volvimos a la Casa lúgubre, después de seis semanas de ausencia, como he dicho antes.