La Casa lugubre

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Se dirigió a él como Guppy, y el señor Kenge le preguntó si se habían «hecho circular» las cajas de la señorita Summerson y el resto del equipaje. El señor Guppy dijo que sí, que las habían hecho circular, y que un cochero nos aguardaba en un coche para que circulásemos también cuando gustásemos.

—Solo me resta, pues —concluyó el señor Kenge estrechándonos la mano—, manifestarles a ustedes mi sincera satisfacción por (que tenga un buen día, señorita Clare) el arreglo que acaba de cerrarse (adiós, señorita Summerson) y mi sincera esperanza de que todo redundará en la felicidad, el (un verdadero placer en haberle conocido, señor Carston) bienestar y el mayor provecho, desde todos los puntos de vista, de todos los implicados. Guppy, cuide de que este grupo llegue sano y salvo.

—¿Dónde está, señor Guppy? —dijo Richard cuando bajábamos la escalera.

—Cerca de aquí —dijo el señor Guppy—, cerca de Thavie’s Inns, ya sabe.

—Pues no puedo decir que lo sepa, acabo de llegar de Winchester y no he estado nunca en Londres.

—A la vuelta de la esquina —dijo el señor Guppy—. No tenemos más que torcer Chancery Lane arriba, y cruzar por Holborn, y llegaremos en cuatro minutos, lo tenemos a mano. Ahora sí que tratamos con una particularidad de Londres, ¿no es así, señorita?


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