La Casa lugubre
La Casa lugubre Me abrí paso hasta el pobre niño, que era de los más sucios desventurados que había visto en mi vida, y al que me encontré muy angustiado y asustado y dando horribles gritos, forcejeando entre dos barrotes de hierro, mientras un lechero y un guardia, con las mejores intenciones posibles, procuraban tirar de él por las piernas ante la opinión general de que su cráneo podía comprimirse por dichos medios. Como me encontré (después de calmarlo) con que era un muchachito de cabeza por naturaleza grande, pensé que tal vez por el espacio por donde había pasado la cabeza no tardaría en seguir todo el cuerpo, e indiqué que la mejor manera de liberarlo podía ser empujarlo hacia delante. Esta opinión fue acogida con tan buena disposición por el lechero y el guardia que este lo hubiera empujado inmediatamente al contorno de la propiedad si no lo hubiese cogido del chaleco mientras Richard y el señor Guppy corrían abajo por la cocina para cogerlo cuando se viese libre. Por fin, fue bajado, afortunadamente sin incidentes, y entonces empezó a pegar al señor Guppy con un palo de aro en un ataque de rabia.