La Casa lugubre

La Casa lugubre

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Sin embargo, como su madre continuaba dictando, y como yo no interrumpía nada por hacerlo, me atreví a detener en voz baja al pobre Peepy cuando se estaba yendo y me lo puse en las rodillas. Pareció muy sorprendido de ello y de que Ada le diese un beso, pero pronto se quedó dormido en mis brazos, sollozando cada vez con menor frecuencia hasta que se calló. Estaba tan pendiente de Peepy que me perdí los detalles de la carta, aunque me llevé de ella tal impresión por la trascendental importancia de África, y la absoluta insignificancia de todos los demás lugares y cosas, que me sentí bastante avergonzada de haber pensado tan poco en ello.

—¡Las seis! —dijo la señora Jellyby—. ¡Y cenamos a las cinco! (aunque por regla general no tenemos hora fija). Caddy, acompaña a esas dos señoritas a su cuarto. ¿Tal vez quieran cambiarse de ropa? Supongo que me dispensarán ustedes estando tan ocupada. ¡Ay, qué niño tan malo! Le ruego que deje al niño en el suelo, señorita Summerson.

Le pedí permiso para llevarlo conmigo arriba y lo acosté en mi cama.

Ada y yo teníamos dos cuartos que se comunicaban por una puerta. Tenían poquísimos muebles, estaban muy desordenados, y las cortinas del mío estaban sujetas al crucero de la ventana con un tenedor.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker