La Casa lugubre

La Casa lugubre

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

En la plaza vecina, donde el lord Canciller vive en su tienda de trapos y botellas viejas, todos se preparan para cenar. La señora Perkins y la señora Piper, cuyos hijos juegan con sus compañeros algunas horas al escondite en los recovecos de Chancery Lane, con grave peligro para los transeúntes, se felicitan la una a la otra de que los chicos estén acostados, y charlan en la puerta, antes de regresar, acerca del señor Krook y su inquilino. Del hábito que tiene el señor Krook de «llevar siempre una copa de más». Y del porvenir testamentario del joven. Pero esas señoras tienen también cosas que decirse, probablemente acerca de la velada musical del Sol’s Arms, desde donde llega hasta sus oídos, por las ventanas abiertas, el sonido del piano, y donde ahora se puede oír a Little Swills, después de mantener a los amantes de la música en una carcajada continua como un auténtico Yorick, adoptar una voz ronca para una pieza concertante y suplicar a sus amigos y patrones con tono sentimental «¡Escuchad, escuchad, escuchad, el golpeteo de la cascada!». La señora Perkins y la señora Piper se comunican su opinión sobre la joven de gran reputación profesional que lo ayuda en las veladas musicales y cuyo nombre figura en el cartel, con grandes letras. Según la señora Perkins, está casada desde hace más de un año y medio aunque la llamen señorita Melvilleson, el ruiseñor londinense, y lleva todas las noches a su hijo en secreto al Sol’s Arms para darle el pecho.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker