La Casa lugubre
La Casa lugubre —Es cierto el aire es irrespirable —añade el señor Snagsby— y además deprime a cualquiera.
—¡Diablos! Es que no puedo. Hasta me dan escalofrÃos —insiste el señor Weevle.
—Es que, sabe, vivir solo en una habitación como esa, tan insalubre y además con unas circunstancias tan macabras pesando sobre ella —dice el señor Snagsby mirando por encima del hombro del otro hacia la callejuela oscura, y después dando un paso atrás para mirar hacia la casa—. Yo me sentirÃa tan inquieto y agitado cuando llegara la noche que preferirÃa pasarla en la calle. Es verdad que no ha visto usted en ese cuarto la escena que yo presencié, lo cual no deja de ser un atenuante.
—Conozco la historia —responde Tony.
—Historia poco agradable, ¿verdad? —agrega el señor Snagsby, que tose con la mano en la boca y tono de insinuación—. El señor Krook deberÃa tenerlo en cuenta a la hora de fijar el alquiler. Desde luego, espero que asà sea.
—Dudo que lo haya tenido en cuenta —responde Tony.