La Casa lugubre
La Casa lugubre —No hablemos más de eso, William —dice el señor Weevle con énfasis.
El señor Guppy consiente en olvidar un asunto tan penoso, y responde, con voz doliente:
—Por mà no hubiera sido evocado, Tony, tan doloroso recuerdo.
—Y, ahora, volviendo a aquel paquete de cartas —dice el señor Weevle atizando la chimenea—, ¿no es muy extraño que el viejo Krook haya estipulado las doce de la noche para entregármelas?
—Ciertamente extraño. No comprendo el motivo que habrá tenido para ello.
—¿Lo sabe él acaso? Ha puesto como pretexto que hoy es el dÃa de su cumpleaños, y ha acabado diciéndome que no me entregarÃa las cartas hasta las doce de la noche. Para entonces estará borracho, se ha pasado todo el dÃa bebiendo.
—¡Con tal de que no se olvide de la promesa!