La Casa lugubre
La Casa lugubre Uno de los resultados desagradables de una conversación nocturna, sostenida en voz baja, es evocar una atmósfera de silencio en que se deslizan las sombras de los rumores que causan estremecimientos: se oyen crujidos extraños, murmullos indefinibles, roces de ropas invisibles, ruido misterioso de pasos que no dejarÃan huella alguna ni sobre la arena de la playa ni sobre la nieve del invierno. Los dos amigos sienten un escalofrÃo. Para ellos el aire está lleno de fantasmas, e instintivamente vuelven el rostro para ver si está cerrada la puerta.
—¿Y en tercer lugar? —pregunta el señor Guppy acercándose a la chimenea y sin dejar de morderse el pulgar.
—En tercer lugar, William, es que no resulta nada divertido conspirar contra un muerto en la misma habitación donde murió, especialmente cuando uno está viviendo en ella.
—Pero, Tony, no estamos conspirando y, mucho menos, contra él.
—Es posible, pero no me gusta. Vente a vivir aquà algún tiempo y verás cómo piensas de otro modo.
—¿En qué habitación no ha muerto alguien alguna vez? —dice el señor Guppy dando otro giro a la conversación.