La Casa lugubre

La Casa lugubre

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—¡Esto es una porquería! —dice el señor Guppy, cerrando la ventana—. Dame agua para lavarme las manos o me las tendré que cortar.

Y se las frota, las rasca, las huele, las vuelve a frotar y a lavar, con tanta insistencia que antes de terminar su aseo dan las doce en el reloj de Saint Paul, repitiendo la hora todos los campanarios, en todos los tonos y en medio de las tinieblas.

—Llegó la hora —dice el señor Weevle cuando se oye la última campanada—. ¿Voy?

El señor Guppy hace una señal afirmativa y le desea buena suerte.

El señor Weevle baja y su amigo se dispone a esperarlo cerca de la chimenea, creyendo que habrá de esperar largo rato, pero apenas han transcurrido dos minutos cuando se oyen crujir los peldaños de la escalera y Tony vuelve a entrar precipitadamente.

—¿Ya las tienes? —dice William.

—Ni siquiera he visto a Krook.

El terror que se refleja en su rostro es tan vivo que su amigo corre hacia él exclamando:

—¿Qué sucede?

—Al ver que no me contestaba, he abierto la puerta… De allí viene ese hedor horrible, el sebo, la grasa… Pero no lo he visto a él —añade Tony con un gemido.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker