La Casa lugubre

La Casa lugubre

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Me sentía embargada de una inefable quietud cuando cerraba de pronto los ojos para evitar la sombra de la luz que oscilaba en las cortinas, y sobre todo cuando me di cuenta con infinita alegría de que no me había quedado ciega.

Había oído a mi Ada llorar día y noche a mi puerta, decirme que era cruel y que, si la amaba, le permitiría que me cuidase y que permaneciese en la cabecera de mi lecho. Pero le había contestado siempre negativamente en cuanto pude hablar, rogándole encarecidamente a Charley que no le permitiese entrar en mi cuarto aun cuando me estuviese muriendo. Charley permaneció fiel a su promesa, y había mantenido siempre cerrada la puerta con su pequeña mano y su gran corazón.

Cuando se fortaleció mi vista y mis ojos se acostumbraron, poco a poco, a una luz más viva, podía leer las cartas que mi querida Ada me escribía mañana y tarde, y llevarlas a mis labios y poner en ellas mi mejilla sin temor a herirla. Podía ver a mi enfermera tan atenta y solícita, pasando de un cuarto a otro para arreglarlo todo, y abrir la ventana para hablar con Ada. Podía, en fin, comprender la calma absoluta que reinaba en la casa, prueba patente de la bondad que todos tenían conmigo, y lloraba de alegría en medio de mi felicidad, tan contenta en mi debilidad como lo había estado cuando gozaba de vida y salud.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker