La historia de nadie y otros cuentos
La historia de nadie y otros cuentos —¡Ah, la isla! —contesté, mirando a lo lejos—. Es cierto, la habÃa olvidado por completo.
—¿Olvidar el puerto hacia donde nos dirigimos? Es extraño.
—Lo es, efectivamente —afirmé.
—Y no solamente extraño. ¿No es asÃ, Gill?
HacÃa siempre una observación parecida y rara vez otra diferente. Quedaba satisfecho tan pronto como el asunto adquirÃa un aspecto que no era el que exactamente le correspondÃa. Era un hombre excelente, y en cierto aspecto alguien sobre quien no podÃa hacerse el menor comentario. Le califico asà porque, además de ser capaz de leer y escribir como un oficial, tenÃa siempre la inteligencia puesta al servicio del deber. No creo, aun cuando admiro la instrucción más que nada en el mundo, que fuera capaz de extraer mejor reflexión de todos los libros del universo, aun cuando los hubiera leÃdo todos y fuera el más sabio de los eruditos.