La historia de nadie y otros cuentos
La historia de nadie y otros cuentos Las dificultades que nos salieron al paso a lo largo del rÃo hicieron de la probabilidad de resultar ahogados —por no hablar de la de ser capturados— algo tan claro y simple como el sol que nos iluminaba. Aun asÃ, todos nos esforzamos por llevar las balsas bajo la dirección de los marineros —pues nuestra propia habilidad no hubiera impedido su vuelco—, asà como también trabajamos intensamente intentando corregir los defectos de su construcción apresurada, porque el agua penetraba ya por ellas. Mientras nos resignábamos humildemente a perecer, si esa era la voluntad de Dios, también estábamos muy decididos a realizar el mayor esfuerzo posible.
Y en esa forma continuamos deslizándonos a favor de la corriente. Nos llevaba de un banco a otro, nos hacÃa virar, pero nos impulsaba al mismo tiempo, algunas veces tal vez con demasiada lentitud; otras, con excesiva rapidez.