La historia de nadie y otros cuentos
La historia de nadie y otros cuentos La séptima noche de nuestro viaje nos apresuramos más que de costumbre a buscar un lugar oculto donde desembarcar en la margen opuesta a la de nuestra fuga. Nuestro pequeño campamento quedó armado en el acto; cenamos y muy pronto se durmieron los niños. Se designó la guardia y todo quedó en orden. Era una noche estrellada, con el cielo muy azul y gran oscuridad en los lugares de espesa sombra, sobre las márgenes del rÃo. La señorita Maryon y la señora Fisher se mantenÃan siempre a mi lado desde el comienzo del ataque. El señor Fisher, que trabajaba incansablemente sobre la barca, me habÃa dicho en una ocasión:
—Mi querida esposa, despojada de su hija, le ha cobrado tal simpatÃa, Davis, y es usted un caballero tan gentil y tan «firme» —nuestro grupo habÃa adoptado esa palabra al escucharla de boca del pirata tuerto—, que me quito un gran peso de encima al dejarla bajo su cuidado.
Le contesté entonces:
—Su esposa está en mejores manos que las mÃas bajo el cuidado de la señorita Maryon, pero puede confiar en que sabré custodiar fielmente a ambas.
Él replicó entonces:
—ConfÃo en ello, David, y desearÃa de todo corazón que fuera suya toda la plata de nuestra vieja isla.