La historia de nadie y otros cuentos
La historia de nadie y otros cuentos Se llamaba Richard, pero era más conocido por Dick. Arrojó al camino su propio apellido y adoptó el de Doubledick. Pasó, pues, como Richard Doubledick, de veintidós años de edad, cinco pies y diez pulgadas de altura, nativo de Exmouth, aun cuando jamás estuvo allà ni en sus cercanÃas. No existÃa caballerÃa en Chatham cuando atravesó, cojeando, el puente, con sus pies polvorientos calzados a medias con destrozadas botas; por consiguiente, se alistó en un regimiento de lÃnea, y se alegró de poder embriagarse y olvidar todo lo que con él se relacionaba.
Vosotros debéis saber que este pariente mÃo siguió mal camino, llegando hasta el libertinaje. TenÃa el corazón en su puesto, pero cerrado con llave. Estaba comprometido con una joven bella y buena, a quien amaba más que ella a él, o tal vez asà lo creÃa; pero en mala hora dio motivo para que ella dijera solemnemente:
—Richard, jamás me casaré con otro hombre. Viviré soltera por tu bien, pero los labios de Mary Marshall —asà se llamaba— jamás te dirigirán la palabra en la tierra. Vete, Richard. ¡Que el cielo te perdone!
Eso acabó con él y fue el motivo de su llegada a Chatham, convirtiéndolo en el soldado raso Richard Doubledick, con la firme determinación de buscar la muerte en la primera oportunidad.