La historia de nadie y otros cuentos
La historia de nadie y otros cuentos No existÃa en aquella época soldado más libertino y temerario en los cuarteles de Chatham que Richard Doubledick. Estaba siempre asociado con la hez del regimiento; pasaba borracho la mayor parte de su tiempo, constantemente sometido a castigo. Pronto se extendió por todo el cuartel la noticia de que el soldado Doubledick serÃa dado de baja sin tardanza.
Pero el capitán de la compañÃa era un caballero joven, apenas cinco años mayor que nuestro protagonista, cuyos ojos tenÃan tal expresión que afectaban al soldado Doubledick en forma notable. Eran ojos radiantes y hermosos, por lo general risueños, y cuando serios más firmes que severos, pero eran los únicos ojos en todo el mundo cuya mirada el soldado era incapaz de resistir. Sin importarle castigos ni malas notas, desafiando a todo y a todos, no podÃa dejar de reconocer que se sentÃa avergonzado cuando esos ojos se detenÃan un instante sobre él. No podÃa evitar saludar al capitán Taunton en la calle como a cualquier otro oficial, pero quedaba intimidado y confuso, turbado ante la mera posibilidad de que el capitán fijase en él su mirada. En sus peores momentos preferÃa volverse y apartarse algunos metros del camino antes que tropezar con ellos.