La historia de nadie y otros cuentos
La historia de nadie y otros cuentos Pero mis viajeros durmieron profundamente y se entregaron al café caliente y las pilas de pan y manteca, que Ben habÃa dispuesto con la efusión que yo hubiera deseado.
No habÃa aclarado por completo cuando salimos juntos a la acera, y allà nos estrechamos las manos. La viuda acompañó al marinero hasta Chatham, donde debÃa embarcarse rumbo a Sheernesso; el abogado, con una mirada en extremo inteligente, continuó su viaje sin traicionarse anunciando sus intenciones; dos más cortaron camino por la catedral y el antiguo castillo de Maidstone, y el vendedor ambulante de libros me acompañó a cruzar el puente. En cuanto a mÃ, me dirigà a pescar a Coham Woods, tan lejos de mi ruta a Londres como yo lo hubiera deseado.
Cuando llegué hasta el molinete y el sendero a través del cual debÃa alejarme del camino principal, me despedà del último de mis viajeros pobres y proseguà mi viaje solitario. La neblina se disipaba ya, y el sol comenzaba a brillar y, mientras respiraba el aire vigorizante, viendo centellear la blanca escarcha por doquier, sentà la impresión de que toda la Naturaleza tomaba parte en la alegrÃa del magno aniversario.