La historia de nadie y otros cuentos
La historia de nadie y otros cuentos Cuando se extendió por primera vez el rumor de que existía oro en California, anterior, como mucha gente sabe, al hecho de descubrirlo en Australia, me encontraba en las Antillas comerciando en las islas. Comandante y, al mismo tiempo, dueño de una elegante goleta, sentía que este trabajo estaba hecho a mi medida, por lo que el oro de California no me interesaba.
Pero en la época de mi vuelta a Inglaterra la cosa llegó a ser muy clara. Se veía oro de California en los museos y en las casas de los orfebres, y la primera vez que fui a la Bolsa encontré a un amigo —navegante como yo— con una pepita californiana colgando de la cadena del reloj. La tomé entre mis manos. Tenía la forma de una nuez pelada, con pequeños trozos arrancados desigualmente aquí y allá, y tan cubierta de grabados como jamás vi cosa alguna en mi vida.