La tienda de antiguedades
La tienda de antiguedades »El más joven, por circunstancias que le hicieron mostrarse particularmente sensible y vigilante, fue el primero en descubrirlo. No hablaré del dolor que sufrió, de la angustia que experimentó, de la lucha espiritual que libró. HabÃa sido un niño enfermizo. Su hermano, paciente y considerado, al mismo tiempo que saludable y robusto, se negaba muchos dÃas a sà mismo las diversiones que más amaba para sentarse a la cabecera de su cama y contarle viejas historias hasta que su pálida cara se iluminaba con un brillo insólito; o llevaba en brazos al pobre niño pensativo a algún paraje verde donde pudiera distraerse y disfrutar de un hermoso dÃa de verano en la naturaleza, todo saludable, excepto él mismo; en una palabra, que era su enfermero afectuoso y fiel. No puedo entretenerme en todo lo que hizo para hacerse querer por la pobre y débil criatura, pues de lo contrario mi relato no tendrÃa fin. Pero cuando llegó el momento de la prueba, el corazón del hermano menor no olvidó aquellos viejos dÃas. El cielo lo fortaleció para compensar los sacrificios de un inconsiderado joven con el acto de un reflexivo adulto. Decidió que su hermano fuera feliz. Esta verdad nunca se escapó de sus labios, y se marchó del paÃs con la intención de morir en el extranjero.
»El hermano mayor se casó con ella, y ella se fue al cielo antes de que pasara mucho tiempo, dejándole una hija pequeña.