La tienda de antiguedades
La tienda de antiguedades Un día se levantó temprano y, con la mochila a la espalda, el sombrero de paja en la cabeza, el bastón en una mano y en la otra una pequeña cesta llena de las cosas que ella solía llevar, salió de casa. Cuando se disponían a seguirlo, llegó asustado un niño de la escuela que lo había visto antes sentado en la iglesia, sobre la tumba de la niña.

Salieron corriendo y, asomando la cabeza, sigilosamente por la puerta, lo vieron sentado con la postura de quien espera con paciencia. No lo molestaron, pero todo el día lo estuvieron vigilando. Cuando se hizo de noche, volvió a casa y se fue a la cama susurrando: «¡Vendrá mañana!».
Al día siguiente, volvió al mismo lugar, donde permaneció desde la salida del sol hasta el ocaso; y, al llegar la noche, fue a descansar susurrando: «¡Vendrá mañana!».