La tienda de antiguedades
La tienda de antiguedades —¡Paparruchas! —interrumpió el otro—. Me aburres a muerte con tu palabrerÃa. Cómo te las apañas para estar alegre en cualquier circunstancia…
—Pues sÃ, señor Trent —refrendó Dick—. Hay un proverbio que habla de ser alegres y sabios. Hay personas que pueden ser alegres y no sabias, y otras que pueden ser sabias (o creer que lo son), pero no alegres. Yo soy de los primeros. Si estamos ante un buen proverbio, supongo que es mejor ser la mitad que nada; en cualquier caso, yo prefiero ser alegre y no sabio que ser como tú, que no eres ni una cosa ni otra.
—¡Paparruchas! —persistió su amigo de mal humor.
—Con todo el corazón —empezó el señor Swiveller—, creo que en los cÃrculos de buena educación este tipo de exclamaciones no suele dirigirse a un caballero en sus propios aposentos; pero no importa. Considérese usted en su casa a esta respuesta añadió la observación de que su amigo tenÃa un carácter un tanto «caprichoso».
Richard Swiveller terminó el rosado, se preparó otro y, después de saborearlo con gran delectación, propuso un brindis a una compañÃa imaginaria.