La tienda de antiguedades
La tienda de antiguedades —¡Pueda ser el momento presente —apostrofó Dick clavando el tenedor a una patata bien horneada— el peor de nuestras vidas! Me gusta comerlas con la piel, extraer una patata de su elemento nativo (si puedo expresarme asÃ), al que los ricos y los poderosos son adversos. ¡Ah! Qué poco necesita el ser humano aquà abajo, y por tan poco tiempo… ¡Qué verdad encierra esto… después de comer!
—Espero que el hostelero cobre poco y que no lo quiera enseguida —comentó su compañero—. Sospecho que no tienes medios para pagarlo.
—Pasaré enseguida a pagar —lo tranquilizó Dick guiñando el ojo de manera expresiva—. El hostelero ya no puede hacer nada. Los alimentos se han esfumado, Fred. He aquà la verdad.