La tienda de antiguedades
La tienda de antiguedades —No exactamente, Fred —contestó un imperturbable Richard mientras seguÃa garabateando con aire de hombre de negocios—. Anoto en este cuadernito los nombres de las calles por las que no puedo pasar cuando las tiendas están abiertas. Esta comida de hoy me cierra Long Acre. La semana pasada compré unas botas en Great Queen Street, lo que me la cerró igualmente al tránsito. Sólo me queda una vÃa abierta para llegar al Strand, que se me cerrará esta noche cuando compre un par de guantes. Las calles se me están cerrando tan deprisa en todas las direcciones que, dentro de un mes, si mi tÃa no me envÃa un giro, tendré que mudarme a cuatro o cinco kilómetros de la ciudad para poder circular con tranquilidad.
—¿No tienes miedo de fracasar en tus planes? —preguntó Trent.