La tienda de antiguedades
La tienda de antiguedades —Le he traÃdo el dinero de la semana —declaró la niña mirando a la mujer y dejándolo encima de la mesa— y… y… un poco más, porque él ha sido siempre muy bueno conmigo. Espero que se arrepienta y que le vaya bien en otro sitio y no se lo tome muy a pecho. Me da mucha pena separarme de él asÃ, pero no puede ser de otro modo. Tiene que ser asÃ. ¡Buenas noches!
Con lágrimas surcándole la cara, y su ágil figura temblando por la agitación de la escena que habÃa protagonizado, por el terrible golpe encajado, por el recado que acababa de hacer y por mil dolorosos y profundos sentimientos, la niña se dirigió apresuradamente hacia la puerta y desapareció con la misma rapidez con la que habÃa venido.