La tienda de antiguedades
La tienda de antiguedades La casa ya no les pertenecía. La habitación del enfermo estaba ocupada merced al incierto favor del señor Quilp. Al poco de enfermar el anciano, el enano había tomado posesión formal de la casa y de cuanto contenía en virtud de ciertos poderes legales a dicho efecto, que pocos entendían y nadie ponía en tela de juicio. Asegurada esta circunstancia tan importante con la asistencia de un hombre de leyes, el enano se estableció en la casa con dicho asistente legal, como para afirmar sus derechos frente a eventuales terceros, y procedió a acondicionar el lugar a su antojo.