La tienda de antiguedades
La tienda de antiguedades Era perfectamente natural que su breve e inacabado diálogo con Kit dejara una fuerte impresión en el ánimo de la niña y se mezclara en su sueño de aquella noche con sus recuerdos durante mucho mucho tiempo. Rodeada de acreedores insensibles y enfermeros mercenarios, y no encontrando en el colmo de su angustia y aflicción ninguna consideración ni simpatía ni siquiera por parte de las mujeres que la frecuentaban, no es de extrañar que el afectuoso corazón de la niña se conmoviera ante un espíritu amable y generoso, por rudo que fuera el templo en que habitaba. Gracias al cielo, los templos de tales espíritus no están hechos con las manos, y aparecen más dignamente adornados con pobres andrajos que con púrpura y finos ropajes.