La tienda de antiguedades
La tienda de antiguedades —Estos dos señores han pedido cena para dentro de una hora —le dijo llevándosela a la barra—; yo creo que lo mejor que podrÃais hacer es cenar con ellos. Entretanto, te daré algo de beber que estoy segura de que te sentará muy bien después de todo lo que has pasado hoy. Ah, no te preocupes por el anciano, que también se lo daré a él.
Pero, como nada podÃa inducir a la niña a dejar solo a su abuelo ni a probar nada que él no hubiera probado antes, la anciana se vio obligada a servir primero al anciano. Tomado este refrigerio, todos los que estaban en la posada fueron a un establo vacÃo donde se habÃa colocado el teatrillo y donde, a la luz de unas velas fijadas a un aro colgado del techo con una cuerda, se iba a representar la función.