La tienda de antiguedades
La tienda de antiguedades El hombrecillo se llamaba en realidad Harris, nombre que había devenido paulatinamente en el menos eufónico de Trotters[4], el cual, precedido del adjetivo Short, le había sido conferido por tener las piernas demasiado cortas. Sin embargo, como Short Trotters era un nombre compuesto y poco usual en lenguaje familiar, el destinatario de tal apelación era conocido entre sus amigos con el simple nombre de «Short» o de «Trotters», siendo raras las veces —por ejemplo, en ocasiones formales— que lo llamaban con el nombre más largo de Short Trotters.
Short, pues, o Trotters, como guste el lector, dio a la protesta de su amigo, el señor Thomas Codlin, una respuesta jocosa para calmar su descontento y, atacando con ganas el rosbif frío, acompañado de té y pan con mantequilla, aconsejó encarecidamente a sus compañeros que hicieran lo propio. El señor Codlin, por su parte, no necesitó de semejante recomendación, dado que ya había zampado cuanto podía llevarse a la boca y se humedecía el gaznate con una cerveza de alta graduación, de la que tomaba tragos profundos silenciosamente paladeados, sin invitar a nadie y corroborando así, una vez más, el lado misántropo de su carácter.