La tienda de antiguedades
La tienda de antiguedades La niña empezó a alarmarse y supuso que tanto autobombo se debÃa al exceso de cerveza ingerida por el señor Codlin.
—Short puede parecerte una persona amable —abundó el misántropo—, pero él exagera; yo, no.
Sin duda, si alguna carencia se notaba en la conducta habitual del señor Codlin era que escatimaba, en vez de aumentar, su amabilidad con quienes le rodeaban. La niña, perpleja, no sabÃa qué contestar.
—Sigue mi consejo —le intimó Codlin—. No me preguntes por qué, pero sÃguelo. Mientras viajes con nosotros, mantente lo más cerca de mà que puedas. No se te ocurra dejarnos, por ningún motivo; procura ir siempre pegada mÃ, y di que soy tu amigo. ¿Lo tendrás en cuenta, querida, y dirás siempre que yo soy tu verdadero amigo?
—¿Decirlo dónde y cuándo? —preguntó la niña inocentemente.