La tienda de antiguedades
La tienda de antiguedades Este extraño proceder hizo que la niña se, volviera más vigilante y suspicaz, y pronto observó que cuando se paraban para actuar en el patio de una cervecería o algún otro lugar, el señor Codlin, mientras desempeñaba sus funciones en el espectáculo, no les quitaba ojo a ella y al anciano o, como muestra de amistad y consideración, invitaba a este último a apoyarse en su brazo, teniéndolo así vigilado hasta que terminaba la representación y reemprendían la marcha. También Short parecía haber cambiado; mezclaba con su habitual buen carácter cierto deseo de tenerlos a los dos bien custodiados. Eso aumentó la aprensión de la niña y la puso más nerviosa e inquieta.