La tienda de antiguedades
La tienda de antiguedades Short se abrió paso en medio de la pista aún abarrotada tocando la trompeta de latón y gritando con su voz de Polichinela; detrás, Thomas Codlin llevaba el teatrillo sin quitarles ojo a Nelly y a su abuelo si estos se quedaban rezagados. La niña, con su pequeño cesto en el brazo lleno de flores, a veces se detenÃa, con aire tÃmido y recatado, para ofrecer una flor a los alegres ocupantes de los carruajes. Pero, ay, habÃa demasiados mendigos más atrevidos que ella, gitanas que prometÃan maridos y otros muy duchos en su oficio, y aunque unas damas le sonreÃan gentilmente mientras sacudÃan la cabeza y otras gritaban a los caballeros sentados a su lado: «Mirad, ¡qué cara tan bonita!», todas dejaban atrás a la bonita niña sin reparar en lo cansada y hambrienta que estaba.