La tienda de antiguedades

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Esta acción no pasó desapercibida para Fred, quien, sabiendo que Richard Swiveller era un mero instrumento en sus manos y de sus planes no sabía más que lo que él le había comunicado, comprendió que el enano estaba al corriente de su posición y del carácter de su amigo. Era algo que había que valorar, aunque proviniera de un bribón. Este silencioso homenaje a sus superiores capacidades, así como el poder que el enano le había atribuido desde el primer momento, inclinó la balanza hacia aquel feo personaje y lo decidió a aprovecharse de su ayuda.

Juzgando ahora oportuno el señor Quilp cambiar de tema para que Richard Swiveller, conocida su inconsciencia, no revelara algo que no les conviniera saber a las mujeres, propuso una partida de cartas de cuatro; la suerte quiso que la señora Quilp se emparejara con Frederick Trent, y Dick con Quilp. La señora Jiniwin, que era muy aficionada a las cartas, quedó excluida por su yerno de la partida; su única tarea consistiría en rellenar los vasos de ron. Y el señor Quilp la mantuvo constantemente vigilada para que no encontrara modo de probarlo, castigando así a la desgraciada señora (tan aficionada a la botella como a las cartas) por partida doble y de una manera sumamente ingeniosa.



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