La tienda de antiguedades
La tienda de antiguedades —Porque estoy segura de que no nos han seguido —contestó la niña—. Compruébelo por sà mismo, abuelito. Mire a su alrededor y fÃjese en qué tranquilo está todo. Estamos los dos solos, y podemos ir a donde queramos. ¡Que no estamos a salvo! ¿PodrÃa yo estar tranquila…, me he sentido tranquila cuando algún peligro le ha amenazado?
—Cierto, cierto —contestó, apretándole la mano, pero todavÃa mirando con nerviosismo alrededor—. ¿Qué ruido ha sido ese?
—Un pájaro —contestó la niña—, que huye al bosque y nos marca el camino a seguir. ¿Recuerda lo que dijimos el otro dÃa, que podrÃamos caminar felices por los bosques, los campos y las riberas de los rÃos? ¿Lo recuerda? Pero ahora, mientras el sol brilla sobre nuestras cabezas y todo resplandece a nuestro alrededor, nos quedamos sentados aquà tristes y perdiendo tiempo. Mire qué camino tan agradable, y mire ese pájaro, el mismo de antes, que ha volado a otro árbol y se ha posado para cantar. ¡Vamos!