La tienda de antiguedades

La tienda de antiguedades

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Sucedió que, en el momento en que esta se llevaba a los labios la taza (que para no desentonar con el resto era una taza grande de desayuno) y levantaba los ojos al cielo como para disfrutar al máximo del delicioso té, mezclado posiblemente con alguna gotita de la sospechosa botella —pero esto es mera especulación, no un hecho histórico demostrado—, no reparó en los viajeros que se le acercaban. Hasta que no se dispuso a dejar la taza, y cuando iba a exhalar un gran suspiro tras el esfuerzo de beber su contenido, la mujer de la caravana no vio al anciano y a la niña, que la miraban con ojos a la vez sorprendidos y hambrientos.

—¡Eh! —gritó la mujer de la caravana, recogiendo las migas del regazo, llevándoselas a la boca y limpiándose a continuación—. Sí, es ella. ¡Eh, niña! ¿Quién ganó la medalla de la gran carrera?

—¿Que quién ganó qué, señora? —preguntó Nell.

—El premio de la gran carrera, niña…, la carrera disputada el segundo día.

—¿El segundo día, señora?

—¡El segundo día, sí, el segundo día! —repitió la señora visiblemente impaciente—. ¿No sabes contestar a una pregunta cuando te la hacen educadamente?

—No lo sé, señora.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker