La tienda de antiguedades
La tienda de antiguedades La señora Jarley quedó algo desconcertada ante aquella contestación a su propuesta y miró al anciano (quien había tomado tiernamente la mano de Nell) convencida de que la niña podría prescindir perfectamente de su compañía o de su existencia misma. Tras una pausa algo violenta, sacó de nuevo la cabeza por la ventana y mantuvo otra conferencia con el cochero sobre algún punto en el que parecieron estar aún menos de acuerdo que en el anterior. Después, la señora Jarley se dirigió al abuelo: