La tienda de antiguedades
La tienda de antiguedades —Cinco chelines —respondió el señor Slum, usando el lápiz como palillo de dientes—. Más barato que cualquier composición en prosa.
—Yo no podrÃa dar más de tres —repuso la señora Jarley.
—Más seis peniques —sugirió Slum—. Vamos. Tres chelines y seis peniques.
La señora Jarley no estaba hecha a prueba de bomba contra la manera insinuante del poeta, y el señor Slum apuntó en un pequeño cuaderno la cantidad de tres chelines y seis peniques. Acto seguido se retiró para modificar el acróstico, no sin antes despedirse muy atentamente de su madrina y de prometer volver tan pronto como pudiera con una copia en limpio para el impresor.