La tienda de antiguedades
La tienda de antiguedades Al volver una noche, se enteró de que la señora Jarley habÃa mandado redactar un comunicado notificando que la magnÃfica colección sólo permanecerÃa un dÃa más en su presente emplazamiento; por lo tanto, y en cumplimiento de dicha amenaza (pues ya se sabe que todos los comunicados relacionados con los espectáculos públicos suelen ser inaplazables), la magnÃfica colección cerrarÃa sus puertas al dÃa siguiente.
—¿Nos vamos de aquÃ, señora? —preguntó Nell.
—Espera un momento —le respondió la señora Jarley—. Mira esto —y sacó otro comunicado en el que se decÃa que, a consecuencia de las numerosas peticiones cursadas a la puerta del museo de cera y de las multitudes que se quedarÃan con ganas de entrar, la exposición se prolongarÃa una semana más, por lo que se volverÃan a abrir las puertas al dÃa siguiente—. Ahora que las escuelas han dado vacaciones y los visitantes habituales ya han saciado su curiosidad —prosiguió—, queremos llegar al público en general, para lo cual debemos estimular su interés.