La tienda de antiguedades

La tienda de antiguedades

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Dick murmuró algo sobre que nunca había carecido de un amigo ni de una botella que ofrecerle, y también balbuceó su alusión favorita al ala de la amistad que nunca muda de plumas como el ala de un pájaro; pero sus facultades parecían concentradas en la contemplación de la señorita Sally Brass, a la que lanzaba unas miradas de absoluto asombro, lo que hacía las delicias del enano. En cuanto a la divina señorita Sally, se frotó las manos como hacen los hombres de negocios y empezó a pasear de un lado a otro del despacho con la pluma detrás de la oreja.

—Supongo —enunció el enano, volviéndose de repente hacia su amigo abogado— que el señor Swiveller asume sus obligaciones ahora mismo, ¿no? Es lunes por la mañana.

—Ahora mismo, señor, si tal es su deseo, por supuesto —contestó Brass.

—La señorita Sally le enseñará Derecho, el delicioso estudio del Derecho —afirmó Quilp—. Ella será su guía, su amiga, su compañera, su Blackstone[8], su Coke disertando sobre Littleton[9], el vademécum del joven abogado.

—¡Qué elocuencia! —exclamó Brass con aire abstraído y mirando al tejado de la casa de enfrente, con las manos en los bolsillos—. ¡Qué torrencial flujo de lenguaje! ¡Qué bonito!


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker