La tienda de antiguedades
La tienda de antiguedades Como, transcurridas varias semanas en su calidad de inquilino, el caballero soltero todavía se negaba a relacionarse —ya de palabra, ya por gestos— con el señor Brass o su hermana Sally y elegía invariablemente a Richard Swiveller como canal habitual de comunicación, y como, por otra parte, resultaba en todos los aspectos un huésped ideal, que pagaba todo por adelantado, no causaba ninguna o muy pocas molestias, no hacía ruido y se retiraba temprano, el señor Richard acabó adquiriendo de manera imperceptible una posición importante en la familia al ser el único que tenía influencia en el misterioso inquilino y podía negociar con él, para bien o para mal, toda vez que nadie más se atrevía a acercarse a su persona.
