La tienda de antiguedades
La tienda de antiguedades Aunque Kit gozaba del favor de la anciana y el anciano, asà como del señor Abel y Bárbara, ninguno le mostraba más apego que el famoso poni, el cual dejaba de ser en sus manos el poni más obstinado y terco de la faz de la Tierra para convertirse en el más manso y tratable de los animales. Cierto es que, en la misma proporción en la que se dejaba domesticar por Kit, se volvÃa ingobernable con cualquier otra persona (como si hubiera decidido que Kit permaneciera en la familia contra viento y marea) e, incluso bajo la guÃa de su favorito, a veces realizaba rarezas y brincos varios, para la extrema enervación de la anciana dama; pero como Kit siempre alegaba que era una simple muestra de alegrÃa o su manera especial de expresar afecto a sus dueños, la señora Garland adoptó poco a poco la creencia, de la que finalmente se convenció, de que, si en una de estas ebulliciones volcaba el calesÃn, el poni lo habrÃa hecho con la mejor de las intenciones.